Primeras compañeras de Santa Juana Francisca


. Sor Juana Carlota de Brechard


"Lancémonos con todas nuestras preocupaciones en los brazos de la Divina Providencia, 
ya que gobierna con suavidad a los que la invocan”.

La Sierva de Dios Juana Carlota de Brechard fue co-fundadora con Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal en la fundación de la Orden de la Visitación de Santa María.

Nació en Vellerot (Cote-d'Or) en 1580. Juana Carlota fue señorita distinguida según el mundo, pero crucificada a él por muchas circunstancias que mueven a compasión. Privada de su madre desde la cuna, casi abandonada por su padre, contaminado por la herejía, nadie tuvo cuidado de instruirla en la religión. Contemplando al Crucificado empezó a iniciarse en la ciencia del amor y del sufrimiento. Solicitó su entrada en el Carmelo, pero por su fragilidad corporal fue rechazada y esto sólo le sirvió para convencerse de la insuficiencia de sus fuerzas. En 1610 San Francisco de Sales le propuso "seguir la misma suerte de la Señora de Chantal", experimentando una felicidad que sobrepasaba sus esperanzas y con alegría celestial, el domingo siguiente hizo voto de castidad.

En la vida religiosa el Señor la llevó de su mano y la instruyó en la escuela del sufrimiento. Murió en Riom (Francia) en olor de santidad. Su cuerpo permaneció incorrupto durante años exhalando suave perfume. Su proceso de beatificación, iniciado poco después de su muerte, fue interrumpido para dejar paso a la causa de nuestra Santa Fundadora.

. Sor María Jacobina Favre

           
Hija del presidente del Senado de Saboya, María Jacobina escuchó el llamado del Señor en medio de un baile y le prometió al instante no unirse más que a Él y entrar en religión. Entró, en efecto, y su generosidad en el servicio divino fue notable. Este fervor no se desmintió jamás durante los 27 años de su vida religiosa.

A la iniciativa de esta santa religiosa debe la Orden el tesoro de doctrina encerrado en el libro de las "Respuestas de Nuestra Santa Madre”. Después de su muerte, Santa Juana Francisca escribió de ella: "Era un alma sin propia elección, que dependía absolutamente de la Divina Providencia y de sus Superiores". Hizo voto de no detener jamás su pensamiento, voluntariamente, más que en Dios y en las cosas de Dios.

. Sor Ana Jacobina Coste

Al pequeño grupo de las tres fundadoras de la Visitación, Dios quiso añadir la figura humilde y sencilla de Ana Jacobina Coste, la primera Hermana externa. Ana Jacobina había conocido a San Francisco de Sales cuando éste fue a Ginebra a sostener una disputa con los ministros calvinistas. Para recibir la sabia dirección del obispo, fijó su residencia en Annecy. Un día ella le rogó que la hiciese servir a las Religiosas que él iba a fundar. Muy sorprendido le preguntó quién le había revelado ese secreto: “Nadie, digo sencillamente lo que pienso”- respondió ella. Esta alma fervorosa fue favorecida con el don de lágrimas delante del Santísimo Sacramento.

. Sor Francisca Magdalena de Chaugy

Francisca Magdalena pertenecía a una noble familia de Borgoña, y en el mundo se la conocía por la Señorita de Chaugy. San Francisco de Sales, que había comido con ella un día en casa del Mariscal de Saint-Géran, había adivinado su espíritu y su corazón. Al llegar a los postres, tomó una manzana y se la dio a la Señorita de Chaugy diciendo sonriente: "Sé muy bien que a las jóvenes les gusta verse obsequiadas". Después añadió: "Un día seréis de las nuestras"; predicción que durante muchos años no parecía tener visos de cumplirse. Dotada de excelentes cualidades, de gracioso rostro, de una imaginación brillante, de un talento vivo y lleno de fuego, y poseyendo en alto grado el arte de hablar y escribir, la Señorita de Chaugy estaba a un tiempo deslumbrada y embriagada con la felicidad que el mundo le ofrecía.

Pasaron los años, el Señor de Chaugy (su padre) murió, y en pocos días aquel cielo tan sereno se cubrió de nubes. Para consolarse en sus tristezas, y también para no estar con su madre, con quien no congeniaba, la Señorita de Chaugy obtuvo permiso para entrar por algún tiempo en el Monasterio de la Visitación de Paray. La Madre Chantal comprendió, al primer golpe de vista, las profundas e inconsolables amarguras con que esta joven se devoraba en el fondo de su corazón, y le propuso ir con ella a la Visitación de Annecy. En su interior, no obstante, tenía horror a los conventos y estaba firmemente resuelta a no ser nunca religiosa. Ella misma nos cuenta la violencia que tuvo que hacerse para pasar el umbral del Monasterio de Annecy. Invocó a San José a fin de ocultar su turbación y renovó en el fondo de su alma el propósito de no estar mucho tiempo en el monasterio.

Durante su estancia en el monasterio oía sin cesar en su interior esta pregunta: "¿Qué vale más: el mundo o el claustro?". Pregunta importuna que no podía acallar, y a la que no quería responder. Hallándose en esta disposición de ánimo, fue un predicador para hacer el panegírico de San Pedro y de San Pablo. Al alabar su obediencia, apostrofó vivamente a esas almas mercenarias que no se dan, y que se hacen comprar, estableciendo una odiosa comparación entre Dios y el mundo. Este fue el golpe de gracia. La Señorita de Chaugy, herida en el corazón y deshecha en llanto, fue a arrojarse a los pies de la Madre de Chantal, y le declaró que la lucha había terminado y que se daba por vencida. Tomó el velo en el mes de mayo de 1629, siete años después de la muerte de San Francisco de Sales, recibiendo los nombres de Francisca Magdalena.

Poco después la eligió la Madre de Chantal por secretaria y ya no se separó de la Santa. La acompañaba en sus viajes y escribía bajo su dictado. Con el tiempo, la joven secretaria comprendió el fin a que Dios la destinaba, que no era otro que el de transmitir a la posteridad la relación de tantos hechos encantadores o heroicos. La Visitación no debe olvidar nunca lo que debe a esta venerada Madre por todo el trabajo, esfuerzo y sufrimiento que tuvo que pasar por la causa de canonización de Nuestro Santo Padre Francisco de Sales.