El Sagrado Corazón de Jesús



Nuestra Orden de la Visitación de Santa María fue bendecida de manera privilegiada por la Bondad Divina por medio de una Hermana nuestra: Santa Margarita María de Alacoque. Nuestro Señor Jesucristo la eligió a ella, mujer, alma de espíritu simple e inocente, para revelarle las insondables riquezas de su Sagrado Corazón. Ella fue la destinataria inmediata de una serie de revelaciones sobrenaturales que incidirían en la espiritualidad católica con gran fuerza, surgiendo de las mismas un torrente de gracia que llega a nuestros días. En aquel monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial nació la devoción al Sagrado Corazón de Jesús de manera explícita, con su doctrina teológica, sus prácticas de culto y símbolos particulares. Y su fuerza fue de tal magnitud, de la mano de aquella pobrecilla Hermana nuestra, que pronto se expandió por la Iglesia entera, con la colaboración de numerosos cristianos anónimos e instituciones religiosas que bajo el estandarte del Corazón de Jesús regaron el orbe con eximios ejemplos de santidad, evangelización y obras de caridad. Y desde entonces, las Salesas incorporamos al patrimonio espiritual de nuestra Orden este amor por el Sagrado Corazón, y desde la clausura trabajamos y seguimos trabajando por difundir su culto, a través de nuestra vida litúrgica compartida, diversas publicaciones y con la inestimable ayuda de multitud de colaboradores.


Biografía de Santa Margarita María de Alacoque (ver aquí).

Las cuatro revelaciones

X Primera revelación

El 27 de diciembre de 1673, día de San Juan Apóstol, Santa Margarita María, que llevaba sólo 14 meses de profesa (y 26 años de edad), se encontraba como de costumbre arrodillada ante el Santísimo Sacramento expuesto en la iglesia conventual. Este fue el momento de la primera revelación del Señor. Ella lo cuenta así:

“Estando yo delante del Santísimo Sacramento, me encontré toda penetrada por su Divina Presencia. El Señor me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino, en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los secretos inexplicables de su Corazón Sagrado. Él me dijo: “Mi Divino Corazón está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que no pudiendo contener en él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos, para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo, los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia a fin de que sea todo obra mía”.

Y continua Santa Margarita: “Luego me pidió el corazón, el cual yo le suplicaba que lo tomara y lo cual hizo, poniéndome entonces en el suyo adorable, desde el cual me lo hizo ver como un pequeño átomo que se consumía en el horno encendido del suyo, de donde lo sacó como una llama encendida en forma de corazón poniéndolo a continuación en el lugar de donde lo había tomado, diciéndome al mismo tiempo: “He ahí, mi bien amada, una preciosa prenda de mi amor que encierra en tu costado una chispa de sus más vivas llamas, para que te sirva de corazón y te consumas hasta el último instante y cuyo ardor no se extinguirá ni enfriará. De tal modo te marcaré con la Sangre de mi Cruz, que te reportará más humillaciones que consuelos. Como prueba de que la gracia que te acabo de conceder no es algo imaginario, aunque he cerrado la llaga de tu costado, te quedará para siempre su dolor y, si hasta el presente sólo has tomado el nombre de esclava mía, ahora te doy el de discípula muy amada de mi Sagrado Corazón”.

Después de este favor tan grande, Santa Margarita quedó por muchos días como abrasada toda y embriagada, y tan fuera de sí que podía hablar y comer solamente valiéndose de un gran esfuerzo. Ni siquiera podía compartir lo sucedido con su Superiora, lo cual tenía gran deseo de hacer. Tampoco podía dormir, pues la llaga cuyo dolor le era tan grato y engendraba en ella tan vivos ardores, la consumía y la abrasaba toda.

X Segunda revelación

Unos dos o tres meses después de la primera revelación, se produjo la segunda. Escribe Santa Margarita: “El Divino Corazón se me presentó en un trono de llamas más brillante que el sol y transparente como el cristal, con la llaga adorable, rodeado de una corona de espinas y significando las punzadas nuestros pecados, y una cruz en la parte superior (...) que significaba que, desde los primeros instantes de su Encarnación, es decir desde que se formó el Sagrado Corazón, quedó plantado en la cruz, quedando lleno desde el primer momento de todas las amarguras que debían producirle las humillaciones, la pobreza, el dolor y el menosprecio que su Sagrada Humanidad iba a sufrir durante todo el curso de su vida y en su Santa Pasión”.


Y continúa Santa Margarita: “Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres: con todo los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en él su amor y llenarlo de los dones de que está repleto y para destruir en él todos los movimientos desordenados.

Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción”.

En esta segunda revelación, Nuestro Señor empezó a descubrir sus intenciones y formular sus promesas. La imagen del Sagrado Corazón de Cristo es el símbolo de su ardiente amor hacia nosotros, el cual había entregado sin condiciones, y el Señor quería que esta imagen se expusiese en las casas o se llevase sobre el pecho en forma de medalla, ofreciendo así promesas de gracias y bendiciones a quienes lo veneraran. Pero por el momento, Santa Margarita no podía decir algo de lo que había visto, pues no había llegado la hora. Estas revelaciones tendrían que pasar primero por muchos exámenes y sufrir mucha oposición, y el Señor tenía mucho más que revelar al mundo por medio de ella.

X Tercera revelación
 
Primer viernes de junio de 1674, fiesta del Corpus Christi. Escribe Santa Margarita: “Se hallaba expuesto el Santísimo Sacramento. Después de sentirme retirada en mi interior por un recogimiento extraordinario de todos mis sentidos y potencias, Jesucristo, mi Amado, se presentó delante de mí, todo resplandeciente de gloria, con sus cinco llagas brillantes, como cinco soles, y despidiendo de su Sagrada Humanidad rayos de luz de todas partes, pero sobre todo desde su adorable pecho, que parecía un horno encendido; y habiéndose abierto, me descubrió su amante y amable Corazón”.


Entonces Jesús le explicó las maravillas de su puro amor y hasta qué exceso había llegado su amor para con los hombres de quienes no recibía sino ingratitudes. Esta aparición es más brillante que las demás. Amante apasionado, se queja del desamor de los suyos, y así, divino mendigo, nos tiende la mano el Señor para solicitar nuestro amor.
 
“Eso - le dice Jesús a Santa Margarita - fue lo que más me dolió de todo cuanto sufrí en mi Pasión, mientras que si me correspondiesen con algo de amor, tendría por poco todo lo que hice por ellos, y de poder ser aún, habría querido hacer más. Más sólo frialdades y desaires tienen para todo mi afán en procurarles el bien. Al menos dame tú el gusto de suplir su ingratitud de todo cuanto te sea dado conforme a tus posibilidades”.

Ante estas palabras, Santa Margarita sólo podía expresarle al Señor su impotencia. Él le replicó: “Toma, ahí tienes con qué suplir cuanto te falle”. Y del Corazón abierto de Jesús salió una llamarada tan ardiente que pensó que la iba a consumir, pues quedó muy impactada y no podía ella aguantarlo, por lo que le pidió que tuviese compasión de su debilidad. Él le respondió: “Yo seré fortaleza, nada temas, sólo has de estar atenta a mi voz y a lo que exija de ti con el fin de prepararte para la realización de mis designios”.

Entonces el Señor le describió a Santa Margarita exactamente de qué forma se iba a realizar la práctica de la devoción a su Corazón, junto con su propósito, que era la reparación: “Primeramente me recibirás en el Santísimo Sacramento tanto como la obediencia tenga a bien permitírtelo; algunas mortificaciones y humillaciones por ello habrán de producirse y las recibirás como prendas de mi amor. Comulgarás además todos los primeros viernes de mes y en la noche del jueves al viernes, te haré partícipe de la mortal tristeza que sentí en el Huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte.

Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio de todas tus angustias, te levantarás entre las 11 y las 12 de la noche para postrarte conmigo durante una hora con la cara en el suelo, tanto para apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de algún modo la amargura que sentí por el abandono de mis apóstoles, lo cual me llevó a reprocharles que no habían podido velar una hora conmigo. Durante esa hora harás lo que te diga. Pero hija mía, no creas a la ligera en todo espíritu, ni te fíes, porque Satanás estará rabiando por engañarte. Por eso, no hagas nada sin permiso de los que te guían, a fin de que, contando con la autoridad de la obediencia, él no pueda engañarte, ya que no tiene poder alguno sobre los obedientes”
.

Después de la aparición, Santa Margarita sintiéndose que estaba fuera de sí y no sabiendo donde estaba, le faltaron las fuerzas y cayó desmayada. Sus Hermanas viéndola en tal condición la levantaron y la llevaron donde la Madre Superiora. Ella viendo que Santa Margarita no podía hablar, ni aún sostenerse, arrodillada ante sus pies, la mortificó y la humilló con todas sus fuerzas, y cuando Santa Margarita le respondió a su pregunta de lo sucedido, contándole todo cuanto había pasado, recargó sobre ella nuevas humillaciones y no le concedió nada de cuanto decía que el Señor le mandaba hacer, mas bien lo acogió con desprecio.

El fuego que devoraba a Santa Margarita por dentro, a causa de las revelaciones, le ocasionó una fiebre continua. Ante esta misteriosa enfermedad, la Madre Superiora no podía sino sentir miedo y por tanto le dijo: “Pida a Dios su curación, de esta forma sabré si todo viene del Espíritu del Señor”. Santa Margarita, obedeciendo esta orden, no tardó en restablecerse por completo por intercesión de la Virgen Santísima; y así consiguió poder cumplir lo que Dios le pedía. Pero viendo la Madre Superiora que continuaban las visiones y no sabiendo que más hacer para asegurarse de su veracidad, decidió consultar a los teólogos. Ella creyó que debía obligarla a romper el profundo silencio que hasta entonces había observado con el fin de hablar del asunto con personas de doctrina.

Compareció pues Santa Margarita ante estos personajes, y haciéndose gran violencia para sobrepasar su extremada timidez les contó todo lo sucedido. Mas Dios permitió que algunos de los consultados no reconocieran la verdad de las revelaciones. Condenaron el gran atractivo que tenía Santa Margarita por la oración y la tildaron de visionaria, prohibiéndole seguir con sus inspiraciones. Hasta uno de ellos llegó a aconsejar: “Procuren que esta hija se alimente bastante y todo irá mejor”. “Se me empezó a decir - cuenta la santa- que el diablo era el autor de cuanto sucedía en mí y que me perdería si no me ponía muy en guardia en contra de sus engaños e ilusiones”.

Para Santa Margarita todo esto fue motivo de gran sufrimiento. No por razón del rechazo o porque pensasen mal de ella, sino por el conflicto interno que le causaba. Llegó a pensar que ella estaba en el error, pero por más que trataba de resistir las atracciones de Dios, no lo lograba. Se sentía profundamente abandonada, puesto que se le aseguraba que no la guiaba el Espíritu de Dios y sin embargo, no lo podía resistir. Cada vez era mayor la oposición aún dentro del monasterio contra Santa Margarita. Había significativos movimientos de cabeza, miradas reprobatorias y muecas. Algunas pensaban que era visionaria. Venía a ser como la personificación de todo un escuadrón de demonios, un peligro evidente y una gran amenaza para todas. Llegó hasta tal punto la situación, que las Hermanas empezaban a rociarla con agua bendita cuando pasaba.

X Cuarta revelación

El Señor le había prometido a Santa Margarita que su obra triunfaría a pesar de todos los obstáculos. Esta promesa empezó a cumplirse cuando, en los primeros días de febrero de 1675, le envió al jesuita Padre Claudio Colombière. En cuanto este santo sacerdote habló con Santa Margarita, pudo ver su santidad y creyó en sus revelaciones, lo cual comunicó inmediatamente a la Madre Superiora. Ante el juicio del Padre Claudio, quien era reconocido por su sabiduría y santidad, la Madre pudo por fin descansar y le ordenó a Santa Margarita que le contase todo. Fue al amparo de este nuevo director espiritual que se dio la cuarta y última revelación que se puede considerar como la más importante: El Señor quería establecer en la Iglesia una fiesta litúrgica en honor de su Sagrado Corazón.

Sucedió esta revelación en el curso de la octava del Corpus Christi del año 1675, o sea, entre el 13 y el 20 de junio. Cuenta Santa Margarita: "Estando ante el Santísimo Sacramento un día de su octava y queriendo tributarle amor por su tan gran amor, me dijo el Señor: “No puedes tributarme ninguno mayor que haciendo lo que tantas veces te he pedido ya”.

Entonces, el Señor le descubrió su Corazón y le dijo: “He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe de la mayoría de ellos ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como de las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de Amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares. También te prometo que mi Corazón se dilatará para esparcir en abundancia las influencias de su divino amor sobre quienes le hagan ese honor y procuren que se le tribute”.

El Padre Colombière le ordenó a Santa Margarita que cumpliese plenamente la voluntad del Señor. Y que también escribiese todo lo que le había revelado. Santa Margarita obedeció a todo lo que se le pidió, pues su más grande deseo era que se llegasen a cumplir los designios del Señor. Pasarían más de diez años antes que se llegase a implantar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús en el monasterio. Serían diez años muy duros para Santa Margarita. La Madre Superiora, que por fin llegó a creer en ella, fue trasladada a otro monasterio; pero antes de irse, ordenó a Santa Margarita que relatara ante toda la comunidad todo cuanto el Señor le había revelado. Ella accedió sólo en nombre de la santa obediencia y les comunicó a todas lo que el Señor le había revelado incluyendo los castigos que Él haría caer sobre la comunidad y sobre ellas. Y cuando todas enfurecidas empezaron a hablarla duramente, la santa se mantuvo callada, aguantando con humildad todo cuanto le decían.

Al día siguiente, la mayoría de las monjas, sintiéndose culpables de lo que habían hecho, acudieron a confesarse. Santa Margarita entonces oyó que el Señor le decía que ese día por fin llegaba la paz de nuevo al monasterio y que por su gran sufrimiento, su Divina Justicia había sido aplacada. En contra de su voluntad, Santa Margarita fue asignada como maestra de novicias y asistente de la Superiora. Esto fue parte del plan del Señor para que por fin se empezase a abrazar la devoción a su Sagrado Corazón. Sin embargo, Santa Margarita nunca llegó a ver durante su vida en la tierra el pleno reconocimiento de esta devoción.

Santa Margarita murió el 17 de octubre de 1690. Tres años después de su muerte el Papa Inocencio XIII promulgó una bula otorgando indulgencia a todos los monasterios de la Visitación con motivo de la fiesta del Sagrado Corazón que el Señor había pedido a Santa Margarita. En 1765 el Papa Clemente XIII instituyó dicha fiesta en Roma y el Beato Pío IX la extendió a toda la Iglesia en 1856. A día de hoy tenemos que la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús es Solemnidad litúrgica en la Iglesia; la imagen del Sagrado Corazón se haya prácticamente presente en todos los templos del mundo; la Hora Santa de los primeros jueves de mes ante el Santísimo Sacramento se practica en aquellas iglesias regidas por sacerdotes y comunidades fieles; la adoración y reparación ante el Santísimo Sacramento como práctica universal; la devoción de los nueve primeros viernes; el nacimiento de múltiples comunidades corazonistas que hunden sus raíces en esta espiritualidad, etc., etc.

Las Doce Promesas del Sagrado Corazón de Jesús a quienes lo veneren:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado de vida.
2. Pondré paz en sus familias.
3. Bendeciré todas las casas en las que sea expuesto y honrado el cuadro de mi Corazón.
4. Los consolaré en todas sus aflicciones.
5. Seré su amparo durante la vida y especialmente en la hora de la muerte.
6. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.
7. Los pecadores encontrarán en mi Corazón una fuente y océano sin límites de misericordia.
8. Las almas tibias se volverán fervorosas.
9. Las almas fervorosas se elevarán rápidamente a una gran perfección.
10. Daré a los sacerdotes el poder de conmover a los corazones más endurecidos.
11. Los que propaguen esta devoción tendrán sus nombres escritos en mi Corazón para no ser borrados nunca de Él.
12. Les prometo, en la excesiva misericordia de mi Corazón, que mi amor todopoderoso dará a todos los que comulguen los primeros viernes de nueve meses consecutivos, la gracia de la penitencia final; ellos no morirán en mi desgracia ni sin los sacramentos: mi Divino Corazón será su refugio seguro en sus últimos momentos.

Acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús 
(oración compuesta por Santa Margarita María de Alacoque):

Yo… entrego y consagro al Sagrado Corazón de Jesús mi persona y mi vida, mis acciones, trabajos y sufrimientos, para no servirme ya de ninguna parte de mi ser, sino para amarle, honrarle y glorificarle. Ésta es mi voluntad irrevocable: ser todo suyo y hacerlo todo por su amor, renunciando de todo corazón a cuanto pudiera desagradarle.

Te elijo, pues, ¡oh Sagrado Corazón!, por el único objeto de mi amor, protector de mi vida, garantía de mi salvación, remedio de mi fragilidad, reparador de todas mis faltas y mi asilo seguro en la hora de la muerte. Corazón lleno de bondad, justifícame ante Dios Padre y desvía de mí los rayos de su justa cólera.

¡Corazón de Amor!, pongo toda mi confianza en Ti, pues todo lo temo de mi debilidad, pero todo lo espero de tu bondad. Consume en mi todo lo que te pueda desagradar o resistir. Que tu amor se imprima en lo más íntimo de mi corazón de tal modo que jamás pueda olvidarte ni separarme de Ti.

Te suplico por tu bondad, que mi nombre esté escrito en Ti, porque toda mi felicidad es vivir y morir en calidad de esclavo tuyo.


Amén