Carisma y espiritualidad



“Quien dice amar a Dios, se abandona a la Voluntad Divina.”

Nuestro carisma radica en ser contemplativas en la Iglesia por el don de nosotras mismas a Dios y a los hermanos en Cristo, imitando su vida oculta, en la oración y el trabajo manual, formando una fraternidad en la caridad a semejanza de la Santa Casa de Nazaret.


Nuestra Orden nació por inspiración divina colmando el vacío que existía en el s. XVII en la vida monástica femenina que, o bien se caracterizaba por reformas austeras que exigían una salud robusta, o por antiguas abadías de relajadas costumbres. Nuestros Santos Padres, haciendo especial hincapié en la ascesis interior, abrieron las puertas de la vida religiosa contemplativa a toda clase de mujeres, incluidas las de salud débil o edad madura. La relativa suavidad de la Regla es compensada por la insistencia en la práctica de la humildad y de la caridad, por la lucha contra el egoísmo y el amor propio, para lograr así que el alma se encuentre totalmente libre y disponible para la acción divina. Las Salesas debemos hacer todo por amor, nada por la fuerza.


“San Francisco de Sales suprime las fuertes penitencias y nos hace fuertes en la obediencia; renunciando a nuestra propia voluntad y uniéndola a la Voluntad de Dios, a través de la humildad ante Él y la dulzura para con el prójimo”.



Las Salesas estamos llamadas a:

- Darnos a Dios como almas de oración que le adoran en espíritu y en verdad.
- Ser adoradoras e imitadoras de los anonadamientos del Verbo Encarnado, viviendo con humildad y dulzura, en un continuo sí a la Voluntad del Padre.
- Dar al mundo testimonio de que Dios es, vive y merece el don de todo nuestro ser.
- Permanecer unidas al Magnificat de Santa María, para con ella ser alabanza constante a la Trinidad Santa.
- Imitar la vida de la Sagrada Familia en Nazaret por la oración, la cordialidad fraterna y el trabajo humilde y silencioso en el monasterio.
- Ayudar a la salvación del prójimo por la oración y entrega de nosotras mismas por amor a Jesús.
- Orar por las necesidades de la Iglesia y de sus hijos.
- Propagar y difundir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, procurando que sea conocido y amado por todos.
- Compartir con los fieles la Santa Misa y el Oficio Divino.


"Las Religiosas de la Visitación que sean tan felices de observar sus Reglas fielmente, 
podrán verdaderamente llevar el nombre de Hijas Evangélicas, 
establecidas particularmente para ser las imitadoras de las dos más queridas 
virtudes del Sagrado Corazón del Verbo Encarnado: 
la dulzura y la humildad, que son como la base y el fundamento de su Orden 
y les da la gracia de ser las Hijas del Corazón de Jesús". (Santa Juana)

Como ya hemos señalado en varias ocasiones, las virtudes cardinales de la Orden, que las Hermanas se esforzarán por encarnar, son la humildad y la dulzura. Para San Francisco de Sales la humildad debía ser el sello distintivo de la Orden. El Santo Fundador recuerda que si bien hay otras comunidades religiosas establecidas en la Iglesia para honrar a Jesucristo mediante mortificaciones y penitencias, sus hijas Salesas están llamadas a ser pobrecillas palomas cuyo cuidado y empleo debe ser meditar la Ley del Señor, sin ser vistas o escuchadas por el mundo.

La dulzura es consecuencia de la humildad, pues quien es humilde ante el Señor se muestra dulce con su prójimo. Este dulzor o suavidad permite hacer de modo extraordinario las cosas ordinarias de la vida, marcándolas con un sello evangélico que aspira a la santidad en las tareas comunes de la vida y en las relaciones con los demás.


“Estamos llamadas a renovar constantemente en nosotras la actitud de María en el Misterio de la Visitación
servicio, humildad, dulzura, abandono y sencillez”.

La humildad y la dulzura son virtudes también presentes en la actitud de Nuestra Madre María en el Misterio de la Visitación, junto con el servicio, el abandono de sí y la sencillez. De ahí la elección del nombre de la Orden. Nuestro Padre San Francisco de Sales quiso que sus hijas Salesas informaran sus vidas con las virtudes de María.


Mi Divino Corazón ama tan apasionadamente a los hombres, y a ti en particular, 
que necesita se comunique a otros por tu medio y se manifieste a ellos con gracias de salvación y santificación”. 
(Ntro. Señor a Santa Margarita María)

Nuestra Orden bebe de manera particular del manantial de amor que brota del Corazón Traspasado de Nuestro Señor Jesucristo. Él mismo eligió a una Hermana nuestra, Santa Margarita María de Alacoque, para recordar al mundo el amor infinito de su Corazón. Habiendo sido destinadas a honrar e imitar la vida oculta de Jesús, estamos llamadas a profundizar en oración y escucha el amor del Corazón de Cristo y darlo a conocer a todos.

"Es preciso que este Corazón Sagrado sea la vida que nos anime, su amor sea nuestro ejercicio continuo, 
el único que puede unirnos a Dios, para ayudar a la Santa Iglesia con oraciones 
y testimonios para la salvación del prójimo." 
(Santa Margarita María)